Nuestra Historia

Hola, somos Daniel y Fernanda

No sentimos que esta sea “nuestra gran historia”, sino la historia de Dios tejiéndose en nosotros. Jesús nos encontró, nos formó y nos está enviando a vivir y contar Su historia.

Cómo Empezó

Crecimos en Venezuela, en la iglesia El Tabernáculo de Dios, donde mis padres pastorean actualmente y el papá de Fer lideraba la alabanza.

Nuestras familias aman a Jesús desde antes de que naciéramos; de hecho, nuestros papás se conocen de toda la vida. Fer fue la mejores amiga de mi hermana por años, antes de que yo me la robara jaja.

Al principio solo era amistad, iglesia, y familia. Pero ahora miro atrás y pienso: Dios ya estaba tejiendo Su historia.

Caminos Cruzados

En 2019 yo (Daniel) viajé a Estados Unidos para estudiar en MorningStar University.
Ese mismo mayo, Fer y su familia se mudaron a EEUU también, confiando en el Señor en medio de la crisis en Venezuela y la persecución política que su papá vivió. Años después, Fer aplicó a varias universidades —ella quería impactar el mundo desde las misiones y negocios—, pero Jesús le habló: “vas a impactar el mundo porque Yo ya lo hice”. Así fue como la guió a MSU.
Nos reencontramos después de años en un pueblito de Carolina del Sur… comenzamos a compartir acerca de nuestras clases de liderazgo ministerial y biblia. Entonces nuestra amistad empezó a crecer aún más.

Mi otra mitad

Entonces comenzaron los momentos mágicos…

Un día nevado a principios del 2022, que fue la primera vez que Fer vio la nieve. Compartimos chocolate caliente con amigos y peleas de bolas de nieve. Allí entre arena blanca se fue cultivando nuestro amor.
Fer y yo salíamos a evangelizar a diario con el grupo de evangelismo de la iglesia. Al ver su pasión por Jesús mientras anunciaba el evangelio, mi corazón quedó cautivado.

Su Historia en Nosotros

En primavera de 2022 le dije a Fer que estaba enamorado de ella. Hablé con su papá y nos hicimos novios debajo de un árbol.
El 7 de julio de 2023 nos comprometimos.
El 7 de julio de 2024 nos casamos. Para nosotros, la boda fue más que “mágica”: fue sagrada. Jesús nos recordó con su presencia que el matrimonio apunta a Cristo y su Iglesia. Y aquí nos queremos quedar siempre.