Prefiero a Cristo

🌪️ Imagina un basurero delante de ti.

Dentro caen—uno a uno—tu título, la universidad soñada, la carrera brillante, el sueldo, los premios, la foto con muchos “likes”, la silla de poder. Suena radical… pero eso fue lo que vio Pablo cuando comparó todo con Cristo: “todo lo considero pérdida… y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo” (Fil 3:8).

El sistema de valores del mundo te mide por lo que acumulas: cifras, puestos, aplausos. El Reino de Dios mide por lo que sacrificas por amor a Jesús. Pablo no hablaba desde la frustración de quien no logró nada; su “currículum” era impecable (ver Fil 3:4–6). Y sin embargo, al conocer a Jesús, entendió que lo más valioso no era lo que le daba estatus, sino lo que exaltaba a Cristo por encima de todo. El mundo dice “sé alguien”; el Evangelio responde: “Conócelo a Él”.

Porque, ¿de qué sirve ganar el mundo si pierdo mi alma? (Mr 8:36).

Esto no desprecia el trabajo, el estudio o la excelencia; los reordena. Cuando Cristo es el Tesoro, todo lo demás encuentra su lugar: la carrera se vuelve servicio, el dinero, herramienta; el puesto, encargo; la fama, ruido que no compite con su voz. Lo que antes ocupaba el trono ahora baja al suelo… al basurero de lo secundario.

Revisemos hoy nuestra balanza. ¿Qué cosas han subido tanto que ya no ves a Jesús con claridad? Llévalas al basurero del corazón y exáltalo a Él por encima de todo. Que se oiga en nuestra vida: “Prefiero a Cristo, y todo lo demás sin Él no vale nada.”

Que el Espíritu nos conceda este intercambio santo: perder lo que estorba, para ganar lo que tiene valor eterno: conocer a Cristo.


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